ASESINO DE LA BARAJA

playing-card-1098302__180Aunque Logia Detectives somos detectives en Sevilla, también somos criminólogos  y nos interesan todos los temas relacionados con la criminología. En nuestra segunda intervención en Estilo Sevilla, el programa de radio de Antonio Bejarano en SFC Radio, hablamos sobre un asesino en serie español y reciente, pues aunque creamos que los asesinos en serie exclusivamente son americanos en España también los ha habido y sin duda, los habrá.

En esta ocasión hemos preparado un resumen sobre el asesino de la baraja, que cometió sus crímenes en Madrid en 2003.

Alfredo Galán Sotillo nació en Puertollano (Ciudad Real) en 1978. Su formación académica llegó hasta conseguir el BUP y sus maestros recuerdan que era un chaval introvertido y poco destacable.

En 1998 entra en el Ejército, llegando a participar en dos misiones humanitarias en Bosnia. En enero de 2003 su unidad es relevada de Bosnia y enviada a limpiar chapapote en las costas de Galicia tras la catástrofe del Prestige.

Su comportamiento al volver de este segundo viaje, según sus hermanos, era muy extraño. Pasaba el tiempo solo, sin hablar con nadie, viendo películas de video violentas o programas de sucesos. Tras un incidente provocado por el robo del vehículo de una mujer, tuvo un encontronazo con un superior y sufrió neurosis, ansiedad y enajenación mental transitoria. Fue trasladado al hospital psiquiátrico Gómez Ulla en Madrid, donde estuvo solamente un día, pues él quería salir de allí cuanto antes. Sus hermanos se comprometieron a vigilar que tomara la medicación pero finalmente la dejó y nunca dejó de consumir alcohol, incluso con la medicación.

Dos semanas después, el Ejército le rescindió el contrato como soldado profesional. Fue entonces cuando empezó a trabajar como vigilante de seguridad en el aeropuerto de Barajas, en marzo de 2003.

Sus andanzas como asesino comenzaron el 24 de enero, cuando aparcó su coche en la calle Alonso Cano de Madrid y comenzó a andar. Vio un portal abierto y entró, obligando al portero Francisco Ledesma, que estaba desayunando con su hijo de dos años, a arrodillarse para luego dispararle en la cabeza.

Su segundo crimen lo cometió el 5 de febrero. A las dos de la madrugada, Juan Carlos Martínez acaba su turno de trabajo en el aeropuerto de Barajas y espera el autobús en la parada. Alfredo se le acerca por detrás, le pide que se dé la vuelta y le dispara en la cabeza. Esta vez deja como recuerdo un as de copas. A partir de ese momento, se le empieza a conocer como el “asesino de la baraja”.

Ese mismo día, por la tarde, se dirige a un bar en Alcalá de Henares, entra y dispara al camarero en la frente que cae fulminado, se vuelve hacia una mujer que hablaba por teléfono  y le dispara también en la cabeza provocándole la muerte. También dispara a la dueña del bar en la espalda tres veces mientras intentaba escapar. Quedó malherida pero no murió.

El 7 de marzo una pareja de estudiantes ecuatorianos paseaban por Tres Cantos. Alfredo se acerca a ellos, a él le dispara en la mandíbula y a ella no consigue dispararle porque se le queda el arma encasquillada. A su marcha deja el dos de copas.

Unos días más tarde, mata a un matrimonio rumano. El hombre muere en el acto y ella unos días después en el hospital. El asesino había dejado el tres y el cuatro de copas.

Los crímenes se cometieron con una Tokarev, un arma de fabricación soviética que Alfredo compró en un pub bosnio por 400 euros. Ejecutaba a sus víctimas pues les pedía que se arrodillaran antes de disparar.

En julio de 2003 se entregó en la comisaría de la Policía Local de Puertollano. Iba borracho y la policía no lo creyó pero el asesino dio datos que nadie más conocía pues no habían sido desvelados por la prensa, como la marca azul que tenían todos los naipes en el reverso. En ese momento fue detenido. Confesó que dejó de matar durante el verano porque los guantes de cuero que se ponía para no dejar huellas en los naipes le daban mucho calor pero que tenía la intención de volver a matar en invierno.

Cambió su versión varias veces, pero finalmente la Audiencia Provincial de Madrid lo condenó a 142 años de prisión y tres meses como autor de un delito de allanamiento de morada, seis asesinatos y tres más en grado de tentativa.

Actualmente se encuentra cumpliendo condena en la cárcel de Soto del Real, de donde como mínimo no saldrá hasta 2023 o, si se le aplica la doctrina Parot, hasta 2043.